sábado, 13 de febrero de 2021

CARLOS V, UNA SOLA REALIDAD Y MUCHAS VISIONES

RETRATOS DE CARLOS I DE ESPAÑA Y V DE ALEMANIA EN LA FUNDACIÓN CARLOS BALLESTA LÓPEZ

Las colecciones generalistas tienen la virtud de poder acceder a historias transversales que de otra forma son difíciles de contar, a no ser mediante la exposición temporal y el préstamo de varias piezas de diferentes procedencias.


Este es el caso de las diversas colecciones que posee la Fundación Carlos Ballesta y que permite hacer un recorrido a través de sus obras, tales como los retratos reales, la imagen de las ciudades que fueron clave en la Guerra de Granada (1482-1492), los ritos funerarios, la fábula zoomorfa y antropomorfa de los marginalia o la emblemática registrada en diferentes materiales y épocas.


En este caso, hemos escogido para presentar la comparación de cuatro retratos del Emperador Carlos V que se conservan en la colección y que van desde la pintura a la numismática, pasando por el documento oficial que guarda su memoria, no ya como firmante del mismo, sino con su propia efigie.


Detalle del retrato existente en la Fundación Carlos Ballesta López

Obviamente, la pieza más importante es el retrato de cuerpo entero del Emperador que se exhibe en la sala de la Universidad de la Fundación, prácticamente a tamaño natural, vestido con armadura completa, cetro o bastón de mando en la mano derecha, espada al cinto, el collar del toison de oro, emblema medieval de la casa de Borgoña, y la celada empenachada, depositada en una mesa a su izquierda (derecha del espectador). El detalle más interesante, con independencia de las calzas, es que a diferencia del retrato conservado en el Museo del Prado, de Juan Pantoja de la Cruz, que copió el original desaparecido de Tiziano, el de la fundación porta la banda carmesí de los generales, tal y como Tiziano lo representó en el famoso retrato ecuestre de Carlos V vencedor en la batalla de Mühlberg. 


Juan Pantoja de la Cruz. Retrato de Carlos V, copia de Tiziano. Museo del Prado


El retrato de la Fundación está bien compuesto, aunque un poco débil de dibujo en lo accesorio, pero la cabeza es de muy buena factura y fiel al modelo de Pantoja, solo que algo más avejentado, con el pelo cano. De hecho, la técnica con que se tratan los párpados está muy cercana a la de Pantoja. En la colección de arte de la editorial La Estrella, dirigida por Gregorio Martínez Sierra, se publicó en 1923 un monográfico sobre Pantoja de la Cruz, y la primera fotografía reproducida es un retrato muy similar al de la colección granadina, que estaba en ese momento en la colección del Marqués de Santillana –ignoramos dónde se encuentra actualmente–. Hay detalles que los hacen diferentes uno del otro, pero lo que sí es seguro es que el conservado en la Fundación sigue la estela de Pantoja y que la efigie del emperador se replicó en muchas ocasiones para las más altas casas aristocráticas, como ocurrió con el ya mencionado de Santillana o el retrato a caballo de la Casa de Medinaceli. A falta de un estudio pormenorizado, podríamos encajar este retrato como una copia de la órbita de algún seguidor de este pintor y con el destino de presidir el ámbito de representación de alguna antigua casa nobiliaria del siglo XVII.


Retrato publicado en 1923 procedente de la colección del Marqués de Santillana


El siguiente retrato imperial del que nos vamos a ocupar es una pieza numismática de gran belleza y excelente cuño. Se trata de un jetón acuñado en los países bajos en 1555, conmemorando la abdicación del Emperador en Fernando y Felipe II. Es una pieza rara, de apenas 3 cm. de diámetro, en el que aparece la efigie del Emperador coronado de laureles y el escudo imperial con el águila bicéfala. En la cara, la leyenda dice “REDDE RATIONEM VIILICATIONES TUE” frase extraída de “El cortesano” de Baltasar Castiglione que toma su inspiración de San Lucas 16,2: “Da cuenta de tu administración, porque ya no podrás seguir de mayordomo”, y es relativa al rendimiento de cuentas del administrador ya que “la potestad humana, en efecto, siempre es delegada, su origen es superior al que la detenta; no es sino temporal y conferida por otro, es sólo administración o gerencia. El mal uso de la misma constituye un abuso de la potestad recibida. Dios pedirá cuenta de la buena o mala administración de estos bienes”. (E. PODESTÁ, GUSTAVO. Avaricia, propiedad y bienes superfluos. 1975).


Realmente es oportuna dicha leyenda, cuando en la fecha de 1555 se está realizando el reparto de territorios entre su hermano Fernando y su hijo Felipe. Al primero el Imperio y al segundo el resto de territorios, incluyendo los italianos y de ultramar. 


Cara del Jetón de 1555 que se custodia en la Fundación.

Los otros dos retratos del emperador conservados en la Fundación aparecen en una ejecutoria de hidalguía otorgada por Carlos V en Valladolid, en 1547. En dicho documento, uno de los más espectaculares del archivo, en la cabecera de la orla de una de las páginas originales en pergamino, aparece el retrato de Carlos V y su madre la reina Juana I de Castilla. Es un retrato, podríamos decir ingenuo, y probablemente realizado bastante tiempo después de haber sido dada la carta ejecutoria, probablemente en el siglo XVIII, pues en la misma encuadernación se encartan, ya sobre papel, otras provisiones sobre el linaje en esas fechas. Concretamente, en la fechada en 1756, es en la que aparece a toda página una ilustración realizada a tinta que se intitula “Dn Carlos V. Emperador i Dª Juana su Madre. Mº Aº de 1555 (murió año de 1555). En esta ilustración se aprecia un retrato imaginario de Carlos V, vestido a la moda borbónica del siglo XVIII que, en pie, se sitúa frente a la imagen de una Matrona clásica que personifica a la reina Juana como reina de Castilla, como indica el escudo en que se apoya su pie izquierdo.


Detalle de la miniatura de la orla de la Ejecutoria.

En definitiva dos retratos ficticios e imaginativos, realizados prácticamente doscientos años después, sin modelo al alcance de la vista del artista y trayéndolos a la realidad y moda de 1756 por deseo de D. Sebastián de Aguilar, acreedor de la provisión real.
Es curioso ver cómo, de estos cuatro retratos, el que podríamos decir que es más veraz correspondería al del jetón de 1555 que, aunque idealizado como un Cesar de la antigüedad, es un retrato contemporáneo, ya que el lienzo realizado como copia del desaparecido Tiziano, es una interpretación relativamente lejana en el tiempo y, por supuesto, las versiones del siglo XVIII son la versión libre, actualizada y sin rigor, producto de un imaginario adaptado a las modas del momento. Esta yuxtaposición de imágenes y épocas son de gran valor para interpretar las evoluciones artísticas y, me atrevería a decir, que las mentalidades como disciplina histórica. Algo que solamente se puede observar con facilidad cuando, bajo un mismo techo, se cobijan obras de importancia de diferentes disciplinas y distinto valor documental, tal y como ocurre en la Fundación Carlos Ballesta López.


Dibujo a tinta a toda página de la provisión de 1756.


miércoles, 6 de enero de 2021

UNA OBRA MAESTRA DE EBORARIA

 

UN IMPORTANTE MARFIL EN LA COLECCIÓN DE LA FUNDACIÓN CARLOS BALLESTA

 

Entre los fondos de la colección hay una interesante sección de arte religioso que abarca pintura, escultura, orfebrería, textiles y elementos de devoción popular. Hoy, de entre todas estas obras, vamos a ocuparnos de una pequeña pieza, no por su calidad sino su por tamaño, que constituye una de las grandes piezas de la colección.

El marfil que nos ocupa es una semiesfera tallada de 9 cm de díametro y  7,5 de profundidad, engarzado en plata. El tema iconográfico que se representa es el de “La oración en Getsemaní”, concretamente recoge el episodio narrado por Lucas 22,39-46, que dice así:

Saliendo, se fue, según costumbre, al monte de los Olivos, y le siguieron también sus discípulos. Llegado allí, díjoles: Orad para que no entréis en tentación. Se apartó de ellos como un tiro de piedra, y, puesto de rodillas oraba, diciendo: Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Se le apareció un ángel del cielo que le confortaba. Lleno de angustia, oraba con más instancia; y sudó como gruesas gotas de  sangre, que corrían hasta la tierra. Levantándose de la oración, vino a los discípulos, y encontrándolos adormilados por la tristeza, les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos y orad para que no entréis en tentación. (Sagrada Biblia, ed. Nacar-Colunga. BAC 1977)

Semiesfera con La oración en Getsemaní de la Fundación Carlos Ballesta en Granada

 

Partiendo de esta narración del Evangelio, podemos ver cómo la representación del relieve sobre marfil se centra en la imagen de Jesús, nimbado y de rodillas en actitud de oración, representado a la izquierda y de mayor tamaño, para dar la sensación de un primer plano y una cierta profundidad a la escena de los tres apóstoles, Pedro, Santiago y Juan (San Marcos 14, 33) dormidos a una cierta distancia. Sobre ellos aparece el ángel, sostenido por un trono de nubes, que porta la Cruz y el Cáliz. Tras la imagen de Jesús unos arbustos de aspecto tropical y como suelo, una doble moldura que deja un pequeño arco decorado con lo que parecen unas rocas, que reafirman la imagen del Huerto de los Olivos.

 

Conjunto de semiesferas agrupadas en un marco, propiedad del Museo del Prado.

 

Por su técnica y la presencia de estos arbustos tropicales habría que atribuirlo a la escuela quiteña del siglo XVIII. De hecho, existe en el Museo del Prado un conjunto de semiesferas agrupadas en un marco de latón dorado que representan varios momentos de la vida de Cristo y de la Virgen, en el que en pasajes como el Bautismo de Cristo muestran una vegetación muy parecida, incluso la línea que forma el suelo de representación está también presente en todas estas tallas. Esta espectacular pieza anónima del Museo del Prado (Catálogo Nº E000542) -que conocemos gracias a la profesora Ana Ruiz de la Universidad de Granada-, proviene de la colección real y ofrece grandes similitudes con la que se conserva en la Fundación Carlos Ballesta, lo que asevera la importancia de este marfil de “La oración en Getsemaní”.

 

Comparativa de la vegetación en la semiesfera del Bautismo del Museo del Prado (izquierda) y la de La oración en Getsemaní (derecha)

 ENLACES DE INTERÉS

Museo del Prado

Fundación Carlos Ballesta 

lunes, 9 de noviembre de 2020

LA CASA MORISCA DE ABEN HUMEYA

SEDE DE LA FUNDACIÓN CARLOS BALLESTA LÓPEZ

        La Fundación Carlos Ballesta, entre sus espacios expositivos y culturales, cuenta con un importante edificio de los siglos XV-XVI. Se trata de una casa morisca insertada en el Albaicín que, con el paso del tiempo, fue denominada como la Casa de Aben Humeya. Esta denominación debió producirse popularmente, a partir de la noticia de Hurtado de Mendoza en su Guerra de Granada, en la que dice que D. Fernando de Válor –Aben Humeya– fue nombrado rey de los moriscos en el Albaicín en la casa del Hardon, de donde se extrapoló posteriormente que esa casa podría ser la que nos ocupa.

 

Vista del exterior de la casa morisa de Aben Humeya hacia 1940

 

        La realidad es que la casa se encuentra en un espacio urbano de gran interés histórico para comprender la evolución del actual Albaicín y cercano a uno de los lugares más significativos en las rebeliones de los moriscos en Granada. Con respecto a su situación, hemos de decir que el edificio se encuentra en un vértice del recinto de la Alcazaba Qadima o Alcazaba Antigua, construido sobre la muralla zirí de la primera mitad del siglo XI; es decir, estamos en un punto de quiebre de la muralla fundacional que, partiendo de Bab Qastar, actual ermita de San Cecilio, buscando el sur llega hasta el Carmen de Aben Humeya para girar hacia la plaza de las Escuelas, coger la línea de la calla San Juan de los Reyes y juntarse con San Gregorio mediante la puerta de los Estereros, recorrer toda la línea por encima del Cenete hasta llegar a la Puerta Monaita y de ahí, por la cuesta de la Alhacaba, volver a unirse con Bab Qastar. Estamos, por tanto, intramuros del primer asentamiento zirí de la ciudad. Poco después, en la segunda mitad del s. XI, esta muralla tuvo que ser ampliada con una nueva cerca que, desde la cercana plaza del Abad, buscaría la cuesta del Chapíz y el cauce del Darro, para dar cobijo a un nuevo asentamiento denominado el barrio de Axares; por lo que la muralla primitiva perdería su importancia militar y se iría amortizando con el tiempo, favoreciendo la implantación de caserío apoyado en su importante construcción. (ORIHUELA, 2014)

 

Detalle de la Plataforma de Vico en la que se aprecián las casas construidas junto a la muralla y volcadas sobre la iglesia de San Juan de los Reyes, que ocupan el espacio de la Casa de Aben Humeya.

        Por otra parte, como hemos dicho más arriba, la casa se encuentra muy cercana a la plaza del Abad, dónde tuvo la entrada el Hospital de Moriscos que sería sustituido por el Convento de San Agustín, cerca de la antigua mezquita aljama –actual colegiata del Salvador– y la casa de la doctrina, dónde los jesuitas catequizaban a la población morisca. Es decir, en pleno centro de las más importantes instituciones posteriores a la toma de Granada que afectaban a la población de origen hispanomusulmán. Además, en la plaza del Abad se sofocó la primera rebelión de los moriscos del barrio, en la Navidad de 1499; rebelión producto de las afrentas que el Cardenal Cisneros comenzó a realizar en la ciudad y que fue apaciguada rápidamente por el arzobispo Talavera y el Conde de Tendilla. Pasado el tiempo, en 1568, esta plaza volvió a ser uno de los sitios dispuestos por los moriscos para hacer una concentración de fuerzas y dar origen a la que sería la Rebelión que acabó con el decreto de expulsión de 1570, promulgado por Felipe II.

  

Detalle en el que se aprecia como se levanta la casa sobre los restos de la muralla zirí.

 

                Pues bien, en este emplazamiento y utilizando como cimientos la propia muralla, se levantó un conjunto de casas de las que solamente nos han llegado dos: una, junto al torreón de la calle Guinea, que llegó en tal estado de deterioro que tenía orden de derribo, pero que se salvó tras una importante rehabilitación y la casa principal que, pese a llegar al año 1996 -fecha en que la adquiere Carlos Ballesta- en un lamentable estado de conservación, se consiguió recuperar en todo su esplendor. 

 

En esta foto, de los años noventa del siglo XX, se puede apreciar el grave estado de deterioro al que había llegado la casa a lo largo del tiempo.
 

            La casa es de pequeñas dimensiones, a la escala morisca, en oposición a la casa castellana, conserva un patio ligeramente rectangular con cuatro crujías, dos de las cuales –las situadas a norte y sur– son porticadas, siendo la norte más elevada que la sur para recoger la luz del sol en invierno y disfrutar de las vistas de la Alhambra.

 

Vista del pórtico norte

                 El pórtico norte se abre mediante una gran viga de madera que salva todo el vano, apoyándose en dos zapatas de tradición gótica con talla trilobulada que carga un escudete y trifoliadas en sus cantos, que apoyan directamente en dos pilares de ladrillo ochavados. Sobre este cenador, una hilera de puntas de viga con forma aquillada y, por encima, se abre la galería superior con balaustrada, pies derechos ochavados, tallados con mocárabes y zapatas labradas con lóbulos que cargan una flor de cuatro pétalos. La techumbre de la galería es un interesante alfarje de vigas agramiladas en pendiente, para verter las aguas, que se rematan en canecillos finamente labrados a juego con las zapatas. El alero plano está constituido por una tablazón corrida y sencilla que deja ver en las entrecalles una preciosa decoración geométrica, probablemente una inscripción en caligrafía cúfica, milagrosamente conservado.

            

Detalles de algunas de las inscripciones geométricas conservadas en el alero norte.

            El pórtico sur, muy estrecho, está soportado por dos pilares de ladrillo de los que sobresalen unas dobles zapatas en forma de “S” típicas del siglo XVI y de estilo renacentista. El pequeño alfarje que lo cubre está decorado con vigas agramiladas, hoy día repintadas. Las puntas de las vigas forman un estrecho alero y sus cabezas están rematadas en forma de proa. La galería superior consta, al igual que la del pórtico norte, de balaustrada, pies derechos y alfarje, con canecillos similares a los descritos en el pórtico norte. Hay que hacer notar que en los lados no porticados del patio, a la altura de estos aleros, se conservan los canecillos de esas crujías tan esbeltos y bien tallados como el resto.

 

Vista del pórtico sur

                

Detalle de los pilares, zapatas y canecillos en forma de proa del pórtico sur.

                Mención aparte merece la curiosa escalera, de la que se ha conseguido conservar el solado de la meseta que, partiendo de un tramo recto, se divide en dos para acceder a las diferentes crujías. Podríamos decir que es una versión doméstica y a escala morisca, de una escalera imperial de humilde traza.

 

Detalle de la escalera, con la meseta medieval conservada

 

                Otros de los elementos importantes que contiene la casa son las dos importantes estructuras de madera que cubren las salas baja y alta de la crujía norte, esquema que quizás se debió repetir en la crujía sur, pero que no ha llegado hasta nuestros días, pues la casa fue mutilada en fecha indeterminada (creemos que entre 1900 y 1939). En esa crujía, estableciendo un simple muro de cierre que hoy se abre, a través de lo que debió ser puerta de una sala, un magnífico mirador a los jardines y a la Alhambra. Estas dos estructuras son, en planta baja, un gran alfarje con vigas transversales agramiladas que, en el extremo oeste, aparece cortado por una viga apoyada en zapatas talladas, dando paso a otro pequeño alfarje de iguales características, pero con las vigas transversales, para marcar claramente el uso de ese espacio como una alhanía de retiro y descanso dentro de la sala principal. 

Encuentro del afarje de la sala baja central (izquierda) con el de vigas transversales de la alhanía (derecha).

 

            Pero, sin duda, el techo más interesante es la gran armadura a cuatro aguas, de par y nudillo, con tirantas dobles apoyadas sobre unos esbeltísimos canes trilobulados, con tricletas y un perfil totalmente original. El almizate de la armadura está compuesto por una sencilla, pero muy elegante, labor apeinazada de lacería de a ocho, en el centro y los cabos, que parte de un octógono en vez de una estrella, tal y como ocurre con los pares de tirantas que si están compuestos con estrellas de ocho puntas (Fotografía en la cabecera del blog). Al igual que la sala de abajo, al oeste un alfarje de vigas transversales marca la alhanía y, en el extremo este, la posible alhanía desapareció en fecha histórica al añadírsele un cuerpo sobre saliente, a modo de torrecilla. (LÓPEZ GUZMÁN, 1987)

 

Detalle de los canes de los tirantes de la armadura principal

        Todos estas techumbres están repintadas en época de su anterior propietario, don Alfonso de Borbón, príncipe de Condé, cuya azarosa vida fue relatada por Carlos Ballesta en su libro El misterio del Carmen. Pero en una cata que se realizó durante las labores de restauración se descubrió que, bajo el repinte, subsistían restos de la pintura original y ésta era muy similar a la que se realizó hacia los años setenta del pasado siglo.

 


 

                La estructura de la casa se completa con las típicas tacas, en las jambas de las entradas, y los arcos de celosías en altillo para el paso de luz y la renovación del aire de las estancias.En resumen, la casa, de un tamaño medio entre las casas moriscas conservadas, ha llegado hasta nuestros días en un magnífico estado, tras su restauración iniciada después de 1996, convirtiéndose en el contenedor de lujo para la colección de la Fundación, su museografía y su visita pública.


ENLACES DE INTERÉS:

Fundación Carlos Ballesta

Guerra de Granada de Hurtado de Mendoza 

 

BIBLIOGRAFÍA:

López Guzman, Rafael. Tradición y Clasicismo en la Granada del XVI. Diputación de Granada. 1987.

Orihuela Uzal, Antonio. Granada entre ziríes y nazaríes. En Arte y Culturas de Al-Andalus, el poder de la Alhambra. Patronato de la Alhambra. 2014. 

 


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